
Piedra natal de mayo: Esmeralda: equilibrio espiritual, visualmente soñadora
No es casualidad que, en la primavera de mayo, celebremos la única piedra de nacimiento con un verde más intenso que el de los campos de hierba más frondosos: la esmeralda. Conocida por su cautivador color, la gema predilecta de la reina Cleopatra simboliza la compasión, el equilibrio y la esperanza.

Formación e historia
La formación natural de las esmeraldas ocurre en raras ocasiones y por las discrepancias de la naturaleza. Solo en dos circunstancias excepcionales esta preciosa gema comienza a formarse: ya sea en vetas hidrotermales creadas por fluidos extraídos del magma o dentro del propio magma. Todo debe estar en su punto óptimo, y para ello es esencial que se combinen las cantidades correctas de calor y presión con el nivel adecuado de berilio. Conocida como miembro de la familia de cristales del berilo (el mineral del que también se compone la aguamarina), lo que distingue a la esmeralda de otras es el cromo que posee.

Adorada en todo el mundo, desde los antiguos egipcios hasta los místicos incas sudamericanos, los primeros vestigios de esta gema de color verde aterciopelado que adornaba la civilización datan de minas en el sur de Egipto del año 2000 a. C. Fiel a su narrativa como la joya de la primavera, el nombre esmeralda deriva de la palabra sánscrita «marakata», que significa «verde primavera». Cleopatra, famosa por su adoración a las esmeraldas, seguía existiendo en su mina cerca del Mar Rojo. Para los antiguos egipcios, el verde de la esmeralda representaba la fertilidad y el renacimiento, tanto que adornaban a sus momias con ellas con la esperanza de concederles la eterna juventud. Tanto en la cultura griega como en la romana, el verde intenso de la esmeralda era reconocido por calmar la vista y aliviar el estrés. Aristóteles lo valoraba en sus escritos, creyendo que ayudaba a resolver litigios. Mientras que Plinio el Viejo, de Roma, es citado escribiendo «...nada es más verde que esto» al elogiar el color de la gema.

Canalizando la intuición y la conciencia
Con Mercurio como regente planetario de la esmeralda, esta ayuda a desentrañar la ignorancia y canalizar el despertar espiritual, además de favorecer la comprensión y la memoria. Gracias a la tranquilidad de su color verde, se dice que promueve el equilibrio y la armonía, incluso en el ámbito laboral y entre equipos, fomentando la creatividad, el optimismo y la visión.









